NO
Al interior de los límites del mundo de los mortales la negación es algo
que debemos reaprender y asumir. Glosamos algunos consejos de nuestros tratados
de asertividad esperando en ciclodios que os sean de utilidad. Son palabras
duras y escandalosas para los sensibles oídos contemporáneos, pero nosotras
sabemos bien cómo se debe cosechar el chicozapote. Mamén.
Hay que saber decir no.
No a los inmigrantes centroamericanos que nos piden dinero, porque el mundo
está lleno de farsantes y, por otro lado, el ser humano nace con el compromiso
de luchar hasta el fin por el terruño al que le debe la existencia. La
inmigración es un acto de cobardía y desesperación que suele denigrar al ser
humano y apartarlo de su destino.
No al niño que pide limosna o limpia el parabrisas de los automovilistas,
porque no sabemos qué padres desnaturalizados están detrás de tal situación y
qué fomentamos sosteniendo esa microeconomía del marginado.
No al cuidacoches que, confortablemente, se apropia de las calles con la
indulgencia del ciudadano y se aprovecha vilmente de los miedos, paranoias y
absurdos cognitivos de una mayoría insulsa y fuera de su centro.
No al pago de impuestos, pues es evidente que las cosas que con ellos
deberían ser pagadas no están en óptimas condiciones... o ni siquiera tienen
existencia. Pensad tan sólo en las redes de ciclovías y la eficiencia del
departamento de tránsito en una ciudad como guadalajara.
No a cualquier subtancia adictiva, ya que, más allá del consumo personal y
sus implicaciones, la dinámica de su mercado implica el asesinato, el
secuestro, la explotación, la proliferación de armas y la desaparición de miles
de personas, entre muchos otros horrores apocalípticos.
No al consumismo, porque genera la degradación constante y acelerada del
mundo, del cerebro y de las relaciones entre las personas.
No a los bancos, que especulan con lo poco que gana la mayoría para
beneficiar a unos cuantos que piensan que el mundo es suyo.
No al poder del dinero, tomando en cuenta que ahora, más que nunca, el
dinero está sobre cualquier dignidad, humanidad, sensibilidad y posibilidad de
ser feliz.
No a los automovilistas porque ellos, más que nadie, son el principal
ejemplo de la persona hiperdisminuida que dice sÍ a todos los puntos
anteriores.