miércoles, 25 de enero de 2012

NON CREDO


NON CREDO
De las  REVERENDAS MADRES CICLISTAS

No creemos en los prejuicios cognitivos de la mayoría, v. gr., “tiempos pasados fueron mejores, si tengo coche SOY más, el dinero lo soluciona todo,  se debe  hablar inglés para acceder a una mejor vida, hay países tercermundistas y hay países primermundistas, Europa es el Viejo Mundo, las lenguas indígenas son dialectos”, etc. (Por mencionar algunas imbecilidades que repite y asume el ser humano promedio todos los días de su miserable vida.)
No creemos en el sistema económico mundial.
No creemos en la globalización, pues homogeiniza en la superficie para maquillar de profundidad lo que sólo a algunos les conviene.
No creemos en los políticos, ni en los senadores, ni en los diputados, ni en los partidos, pues sus propuestas y su trabajo son más fantasía que una novela de cienca ficción anglosajona.
No creemos en las instituciones, así de simple, ya que acartonan al ser humano para funcionar inconscientemente bajo un programa de atavismos y conductas irreflexivas.
No creemos en las máquinas, sobre todo en los automóviles, pues aceleran la deshumanización de nuestro biosustento a tal grado que vemos cuerpos gordos y torpes por doquier.
No creemos en el homo sapiens sapiens (parece que ya no existe).
No creemos en Alá.
No creemos en Yahvé.
No creemos en Jehová.
En breve, no creemos en ningún dios de estirpe semita.
No creemos en la ciencia como panacea para una mejora sustancial del mundo.
No creemos en los textos legales (LA LEY), pues son como los diccionarios de la Real Academia de la Lengua Española: apenas van en el QUIJOTE.
No creemos en el cine.
No creemos en la música que se hace por medios electrónicos.
No creemos en la “información” que transmiten los medios masivos de comunicación.
No creemos en la imagen ni en las apariencias, creemos en lo que OLEMOS, PALPAMOS, ESCUCHAMOS, COMEMOS y SENTIMOS directamente.
No creemos en el psicoanálisis. De hecho, no creemos en la psicología.
No creemos en el maquillaje, que vuelve monstruosas a las mujeres y simulacros a los hombres.
No creemos en el tiempo.
NO CREEMOS EN EL DINERO.
No creemos en la certeza, sea cual sea ésta, sino en la movilidad y el cambio como esencia cósmica.
No creemos en los opuestos, sino en los continuos.
No creemos en las filosofías ni en las ideologías, sino en la CATOPTROSOFÍA.
No creemos en los alienígenas.
No creemos en la DEMOCRACIA.
No creemos en ninguna forma de gobierno actual.
No creemos en la velocidad, que estresa y agota; ni en la prisa, que lleva al mismo sitio con más desgaste mental y corporal.
No creemos en el PROGRESO: los fotones siempre han sido los mismos desde la creación y, hoy por hoy, siguen siendo la base de toda la energía que nos mueve.
No creemos en los discursos largos, por eso seremos siempre breves, puntuales y agudas.
En fin,
No creemos que entendáis lo que estamos diciendo.
Pero, para continuar con nuestra orden y su misión en la tierra:
CREEMOS EN LA BICICLETA y también en LAS HADAS AMARILLAS.
 
Mamén


Las MALAVENTURANZAS


Las  MALAVENTURANZAS de los automovilistas
TEXTO CANÓNICO de las REVERENDAS MADRES CICLISTAS
Traducido del tapatío al tapatío por Nuestra Veneranda Madre Sor Felipa Encarnación de Uñas  Elefantinas

Malaventurados los automovilistas porque no saben lo que es tener buena circulación.

Malaventurados los que siempre quieren llegar rápido y piensan que su causa es la única importante en la ciudad, porque ignoran que en verdad son un comino en medio del estiércol, un pedazo de caca en el drenaje, una ladilla en los genitales de un hipopótamo.

Malaventurados los que piensan que pasándose la preventiva o la luz roja llegarán más rápido a su destino, pues no saben que dos cuadras más abajo se empelotarán en el embotellamiento. Estúpidos.

Malaventurados los simples de mente, porque son PENDEJOS y  compran automóviles creyendo que con ello serán más exitosos, se verán mejor y conseguirán más conquistas sexuales.

Malaventurados los que viven a cinco, seis o siete cuadras de su trabajo y toman el coche para transportarse, pues serán los primeros en sucumbir cuando llegue la gran sequía.

Malaventurados los automovilistas de sexo femenino que  van maquillándose mientras conducen y ponen en riesgo la vida de peatones y ciclistas; detrás de esa máscara hay una chuleta cruda recién sacada del congelador.

Malaventurados los que dan cualquier tipo de vuelta sin hacer señales de ningún tipo ni dar prelación de paso a peatones o ciclistas, pues un día atropellarán a su puta abuela.

Malaventurados los automovilistas que van hablando por el celular mientras conducen, pues no se dan cuenta que en ese momento CICLODIOS mueve todos sus poderosos hilos para proteger a los ciclistas y a los desventurados peatones de algún percance irresponsable por culpa de una plática estúpida y superflua que siempre podrá esperar.

Malaventurados los automovilistas, ya que contaminan y con cada mililitro de gasolina quemada contribuyen al deterioro de nuestro planeta, única casa real en la que nos consta que podemos vivir. CicloDios les mande cáncer fulminante.

Malaventurados los que, en general, tienen automóvil, pues gran parte del dinero que ganan se esfuma en pagar seguros, taller, afinación, tenencia, gasolina y cristalazos así como robo de autopartes. Nunca sabrán para quién trabajan ni a quién alimentan ni a quién le lamen los tanates.

Malaventuradas las instituciones ecargadas en GDL de ver por el bien común, pues es claro que el dinero incontable que en sus arcas cae se vuelve beneficio de unos cuantos o, en el peor de los casos, en apoyo a los automovilistas.

Malaventurados los que prefieren tener un coche último modelo que una casa digna, pues  verán reducido el tamaño de su pene en el Infierno.
Malaventurados los que son mujeres, porque suelen estar malditos con grandes copetes y camionetones asesinos que el perverso destino les ha disfrazado de estatus. Arderán en el octavo círculo y sus hijos imbéciles les sacarán los intestinos.

Malaventurados los taxistas y todos los que utilizan este “servicio”, ya que no hacen sino mantener un círculo viciosos en donde se genera más violencia, abuso y contaminación.

Malaventurados los que invaden el paso de zebra mientras el semáforo está en alto, pues una mano peluda invadirá de la misma forma el coño de su puta madre.

Malaventurados los güevones que se estacionan en doble fila o sobre las escasas ciclovías de la ciudad. A ellos, como a casi todos los automovilistas, les auguramos un futuro grasoso  y diabético.

Más malaventurados los que se estacionan en esquinas y tapando rampas, pues  no merecen ninguna consideración al no tomar en cuenta más que sus propios intereses de primates. Se les volteará el ano.

Hipermalavanturados los que se estacionan sobre la banqueta, porque no tienen ni siquiera la categorización mental de la división natural y necesaria de la ciudad en espacios vitales e importantes para cada quien según su modo de moverse. Dios sea testigo de que uno de sus hijos o amantes muera a causa de un imprudente tal.

MALAVENTURADOS, pues, los automovilistas.

Tengan todos mala muerte.

Perezcan ellos, antes de que acaben con el mundo.

Mamén

Microdiatribas de las Reverendas Madres Ciclistas


Campaña ANTIautomovilistas
 
No toleramos perder en y por los coches un sólo segundo de nuestras vidas, ni mucho menos que obstruyan nuestra serena fluidez.
El auto es SATANÁs. Libéranos de él.
Si México anduviera sobre una bici fluiríamos sin problemas entre las crisis financieras, sanitarias, axiológicas, etc. (Campaña Anti-AUTOMOVILISTAS)
Guadalajara es hoy para los automovilistas un atolladero desgastante, una probadita del infierno; para los ciclistas, una deliciosa fluidez serena. Parafraseando a Albert Einstein: "El tiempo (la vida) es relativo al observador y su movimiento local".
Nosotras somos multisarcásmicas.
Digamos que más acá del papel, las pantallas y las bocinas de todos los medios masivos existe un mundo totalmente DIFERENTE.
Hay países que en un día se pueden atravesar en bicicleta más rápida y confortablemente que todo GUADALAJARA en automóvil. (Bélgica, Luxemburgo, Holanda, Macedonia, El Salvador, Puerto Rico, Taiwán, Moldavia, Liechtenstein, Dinamarka, Estonia........)
Si las REVERENDAS MADRES CICLISTAS llegáramos a reprocudirnos, no tendríamos ningún remordimiento en cuanto la siguiente o subsiguiente generación se quede sin comida, agua ni aire respirable.
REVERENDAS MADRES CICLISTAS, por un mundo sin idiotas.
No podremos sonreírles jamás a lo automovilistas, por más respetuosos que sean. El mero hecho de estar sobre la máquina ya implica un poco de calentamiento global y quema de combustible (contaminación).
Habíamos vivido tan felices en GDL durante cuatrocientos años... hasta que lledó una pandemia de coches e imbecilidad... (Reverendas Madres Ciclistas) Sin embargo está la bicicleta, discreta REDENTORA de los GUERREROS.
TAPATÍOS: ¡no pierdan la noción histórica! GDL fuen planeada con excelencia, un modelo de CIUDAD RENACENTISTA: cuadrada, bien orientada y ANCHA. EL problema no es la ciudad, son los autos.
No hay mejor clima que el de GDL para andar en bici todo el año. ¿POr qué encerrarse en un auto y convertir la vida en horas-nalga????? (
Preferiríamos vivir en un universo holográfico donde la realidad de la que emanan los automovilistas estuviera muy lejana.
Imploramos al CICLODIOS por mañanas más frescas para que no transpiren tanto nuestras coyunturas.
Las reverendas madres ciclistas nos desestresamos después y sólo después de nadar 4 kms. o leer un libro de 600 págs. como mínimo. O también después de comer una pizza familiar cada una.
Nunca, nunca es bueno dedicarse a una sola cosa... (Reverendas Madres Ciclistas aterrorizadas ante la idea de estudiar doctorados)
Luchamos duro y trabajamos porque nuestro convento se ubique en un sitio en donde, incluso a pie, trabajo, cultura y servicios básicos sean altamente accesibles. Eso es calidad de vida. (
Más allá de Periférico, se encuentra el verdadero infierno.

Para nosotras, los colapsos siempre serán exógenos.

Un sólo árbol aporta más al mundo que mil automovilistas promedio.
Soñamos que las bicicletas eran nuestros psicopompos.

Mamén