viernes, 3 de agosto de 2012

I.DE COMITIORUM PRAESIDUM IN MEXICO


(I.  Sobre las elecciones presidenciales en México)
 
Hermanos ciclistas, peatones y personas que saben habitar el mundo:

Las elecciones del pasado primero de julio de 2012 en México -país donde se encuentra nuestra sede apostólica-ciclista y donde viven aproximadamente 112 millones de almas embrutecidas- han sido una decepción inmensa para un sector de la población que alude a sí misma como no tan embrutecida.  No podemos quedarnos calladas y, como nos gusta dar opiniones y abundar en ellas de una forma microtextual, trataremos de desglosar dentro de lo micro nuestras humildísimas percepciones que, no por lo anterior,  dejan de ser universales.
Primeramente debemos tener en cuenta dos aspectos del problema tratado en esta encíclica, a saber, que al hablar de elecciones no podemos perder de vista que se trata de un evento culmen dentro de un proceso intrincado, sistemático, coherente y necesario dentro de lo que la mayoría llama y acepta como DEMOCRACIA. Por otro lado, el sector de  los inconformes es sensiblemente pequeño con respecto al resto de la población. 
Nosotras, como ya bien sabéis, no aceptamos la DEMOCRACIA ni como ideal ni como  sistema aplicado hoy en día en cualquier lugar del orbe que lo tolere. Sin embargo, tenemos que compartir nuestras reflexiones, ya que las revelaciones, que nos vienen del retorno continuo de las ruedas de la bicicleta a un punto que es al mismo tiempo un vector que nos mueve en el mundo, deben ser divulgadas.
No creemos ni confiamos en la estadística como disciplina, pero en esta ocasión unos cuantos numeritos fueron los detonadores de esta encíclica. Sí, unos numeritos en los cuales pocos mexicanos parecen detenerse, mirarlos, darles la vuelta, ponderarlos y sacar de inmediato las conclusiones más deprimentes pero certeras sobre lo que ha sucedido. Vayamos, pues, rápidamente, a esos numeritos: en la lista nominal del padrón electoral figuraban 71,334,373  de mexicanos de los cuales sólo el 58.5%  sufragó. De  los cuarenta y un y pico millones de votos ejercidos, atención, 97.84% fueron válidos y 2.16% nulos. Y vamos a dar un numerito más, el del porcentaje de votos a favor del ahora candidato electo, 38.21%. (Nota: no citaremos las fuentes de donde sacamos la información; si tenéis desconfianza, investigad y cotejad datos.)
Nuestra primera pregunta, hermanos, es la siguiente: ¿Cuántos millones de ciudadanos son realmente ese 38.21% que le dio la silla presidencial al copetón sin cerebro? Hagan sus cuentas, que no somos facilitadoras de nada.
Nuestra segunda pregunta: ¿Una supuesta democracia representativa, como su nombre lo dice, no debería por ventura consolidar en el poder a un candidato verdaderamente representante del pueblo y de la supuesta mayoría a la que tanto alude el mismo sistema?
Nuestra tercera pregunta: ¿Qué sentido tiene organizar manifestaciones contra el partido ganador, contra su candidato electo, contra una televisora psicópata, contra una tienda pitera de autoservicio si en realidad sólo una minoría con respecto al resto de la población fue la que, numéricamente,  logró el triunfo del actor de telenovela? (Nota: no perdáis de vista que cualquiera de los otros candidatos también representaba a una minoría si nos atenemos a las estadísticas.)
Cuarta pregunta: ¿Por qué nadie ha esgrimido la indignación, el coraje, los gritos, las manifestaciones y los bloqueos contra los millones de ciudadanos que se abstuvieron de votar?
Que los medios masivos de comunicación son manipuladores y sirven a los intereses de la élite, no es un secreto. Que la ciudadanía –y vaya que esta denominación nos incomoda en sobremanera por inadecuada y desfasada de la realidad- no se entera más que de lo que sucede en sus narices y lo  demás lo recibe digerido y medio defecado por los medios, tampoco es un secreto. Que la ignorancia y la baja calidad educativa han creado un ejército de obreros conformistas y empresarios desalmadamente maquinales,  es un secreto a voces. Ergo, hermanos:
NO SE PUEDE SUSTENTAR UNA DEMOCRACIA, SI PRETENDE SERLO, CON UN CIUDADANO PROMEDIO QUE NO VOTA, QUE NO SABE, QUE NO PIENSA Y AL QUE NO LE IMPORTA EL DEVENIR DE LAS COSAS.
LA GRAN MENTIRA FUE PRETENDER EJERCER UN VOTO VÁLIDO CUANDO ES A TODAS LUCES UNA FARSA QUE CUALQUIER CANDIDATO HAYA PODIDO LLEGAR A LA PRESIDENCIA CON UN PORCENTAJE QUE NO REPRESENTA NI SIQUIERA AL 25% DE LA POBLACIÓN TOTAL DEL PAÍS.
LA CEGUERA DE MUCHOS AL NO VER  LA LEJANÍA QUE MANTIENEN LOS POLÍTICOS CON RELACIÓN A LA REALIDAD COTIDIANA CONFIRMA QUE NO SE SABE SEPARAR LO POLÍTICO DE LO VERDADERAMENTE HUMANO.
Decimos todo esto y, dentro de lo posible, intentamos bajarle a nuestro tono de can desatado, porque hasta ahora, en nuestras preregrinaciones ciclistas por la ciudad y en nuestras conferencias por las redes, no hemos escuchado ni leído una sóla aseveración sobre lo discutido en esta microencíclica que no haga gala de reclamos, decepciones, rabia, consternación, en pocas palabras, de una INTENSA SUBJETIVIDAD. ¿Es en verdad para tanto todo este intríngulis de las elecciones si la vida continúa día a día y nos levantamos, desayunamos, dejamos nuestra basura donde se debe, hacemos nuestras labores, reímos, nos divertimos, descansamos y de vez en cuando hasta leemos un libro? (Ojo, esta pregunta va para los destinatarios de este texto.) ¿No sería mejor aplicar toda nuestra subjetividad al continuo devenir del aquí y el ahora y olvidarnos de una vez por todas de los dueños de este–mundo-que-se-está-resquebrajando?
Nosotras, por nuestra parte, nos montamos en la bicicleta y os mandamos todas nuestras bendiciones.

Mamén

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